lunes, 12 de septiembre de 2011

La aviación civil rusa en el punto de mira, tras frecuentes tragedias aéreas

Los rusos recuerdan con nostalgia el glorioso pasado de su industria aeronáutica estos días, cuando todos tienen presente, después de la muerte de 43 personas el pasado miércoles, que las tragedias aéreas se han vuelto demasiado frecuentes en este país.

El Yak-42 que se precipitó a tierra a los pocos segundos de despegar, accidente en el que hubo dos únicos supervivientes, fue el último episodio de una serie de siniestros que empezó en junio pasado.

El 21 de junio un vuelo procedente de Moscú con 52 personas a bordo sufrió un accidente al aproximarse al aeropuerto de Petrozavodsk (capital de la región de Karelia), en el que hubo 47 muertos.

Veinte días más tarde, un An-24 se estrelló cuando acuatizaba en el río Obi con 37 personas a bordo, de las que siete fallecieron.

"El tintineo de las campanas se oía desde hace mucho tiempo. Ya estabais avisados", escribía al día siguiente del accidente una columnista del popular diario "Moskovski Komsomolets", para acusar en su artículo a los funcionarios del gobierno de desatender y "dejar correr" la preocupante situación de la aviación civil rusa.

Los problemas crecen como hongos bajo la lluvia de otoño, que estos días cae incesante, como si el cielo ruso quisiera llorar junto a su gente por las víctimas de unas tragedias que, muchos creen, pudieron ser evitadas.

Aviones viejos, algunos de fabricación soviética; pilotos y técnicos inexpertos y mal pagados, compañías aéreas irresponsables que sólo piensan en ganar dinero ahorrando costes, déficit de nuevos pilotos e ingenieros: es la realidad de la aviación civil rusa que reconocen las autoridades.

Todavía se desconocen las causas del accidente del pasado miércoles, aunque los informes preliminares tratan de achacar la responsabilidad al ciertamente tranquilizador "factor humano", pero las propias autoridades se contradicen casi al instante con sus decisiones.

La Inspección de Transportes de Rusia (ITR) prohibió ayer dos vuelos que se iban a realizar con el mismo modelo de avión (Yak-42) que se estrelló en Yaroslavl.

La compañía "Yak Service", cuyo avión se precipitó el miércoles, iba a volar desde Turquía a Moscú con una pieza en el motor del aparato que había superado su plazo legal de explotación, según la agencia Interfax.

Otro Yak-42, de la compañía "Izh-Avia", no pudo salir del aeropuerto moscovita de Domodédovo con destino a Majachkalá (república norcaucásica rusa de Daguestán), dado que "la revisión de la aeronave reveló fallos que pueden influir en la seguridad de los vuelos", indicó el portavoz del ITR, Serguéi Románchev.

Con este panorama, al Gobierno ruso le ha entrado la urgencia de tomar medidas drásticas para mejorar la situación o al menos, con las elecciones legislativas y presidenciales a la vuelta de la esquina, para dar apariencia de trabajar en esa dirección.

El presidente ruso, Dmitri Medvédev, exigió hoy al Gobierno que prepare un paquete de medidas urgentes para evitar nuevos accidentes aéreos.

El máximo mandatario ruso quiere tener lista una ley que permita suspender licencias de vuelo a las compañías que violen las normativas de aviación civil, sin necesidad de acudir a la justicia.

El Kremlin, de hecho, ha manifestado su intención de reducir el número de aerolíneas a menos de diez.

"Todo indica que quedarán entre cinco y siete grandes compañías, capaces de cubrir el 90 por ciento de los vuelos", explicó ayer en una entrevista al canal de televisión Rossiya el viceministro de Transportes de Rusia, Serguéi Ókulov.

Además, Medvédev ha puesto una fecha límite, el 1 de febrero de 2012, para aprobar un programa de subvenciones a fin de que las compañías puedan renovar su parque de aviones, ya sea con aparatos de fabricación nacional o extranjera.

El presidente ruso también mandó habilitar todos los aparatos con tecnologías de aviso de colisión y otras que ayudan a mejorar la seguridad de los vuelos.

Fuente: ADN.es (España)

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